Hubo una época en España en la que la televisión era un territorio sin ley. Una época en la que podías ver a una mujer en topless en prime time, en la que un presentador insultaba a alguien con discapacidad y el público se partía de risa, en la que los concursantes eran humillados en directo y la audiencia aplaudía. Esa época fue hace apenas 30 años. Y todos lo vimos. Todos reímos. Y nadie dijo nada.
Hoy, cualquiera de esos programas de televisión española de los años 90 duraría exactamente tres episodios antes de arder en redes sociales. Pero entonces eran el pan nuestro de cada noche. Esta es la caja negra de la tele española: los programas que marcaron a toda una generación y que hoy, con toda seguridad, estarían canceladísimos.
Crónicas Marcianas: el late night que cruzó todos los límites
Crónicas Marcianas funcionó de 1997 a 2005 porque era adictivo como un accidente de tráfico. Javier Sardá al mando, Telecinco de madrugada, y una fórmula que consistía en no tener ningún tipo de freno. Había noches en las que Antonio David Flores y Carmen Manfredy se tiraban los trastos a la cabeza en directo. Había noches en las que se entrevistaba a personas con discapacidad mental para reírse de ellas abiertamente.
Años después, un juez tuvo que sentenciar que aquellas entrevistas se realizaron con «la clara y censurable intención de burlarse de sus condiciones físicas y psíquicas». La ironía del universo quiso que Ida Nizar fuera despedida del mismo programa por hacer un comentario fuera de lugar a un chico en silla de ruedas. Hoy, Crónicas Marcianas duraría exactamente dos episodios antes de que Mediaset convocara una rueda de prensa de disculpas con PowerPoint incluido.
El Mississippi de Pepe Navarro: el hombre que inventó la noche canalla
Pepe Navarro fue el tipo más poderoso de la televisión española a mediados de los 90. Su programa en Antena 3 era el late night más visto del país con una fórmula sencilla: provocación, humor negro, invitados polémicos y cero filtros. Un cóctel que funcionaba de noche como no funcionaba ninguna otra cosa en pantalla.
El 10 de julio de 1997, sin previo aviso, se emitió el último capítulo sin despedida, sin explicación. Un día estaba y al siguiente no. La versión oficial de la cadena fue que los contenidos «habían contravenido los principios en los que ha de basarse la programación en orden al fomento de los valores éticos y humanos». Traducción: habían ido demasiado lejos. Se habló de un vídeo sexual de un periodista famoso que el programa estuvo a punto de emitir. El Mississippi no llegaría hoy ni al piloto: lo cancelarían en la reunión de producción.

El precio justo y las azafatas: el decorado con piernas
El modelo era sencillo. Un presentador, siempre hombre. Micrófonos. Concursantes. Y chicas. Chicas que sonreían, que señalaban productos, que aplaudían, que existían básicamente como fondo decorativo con piernas. El Precio Justo con Joaquín Prat padre fue uno de los programas más longevos de TVE: entretenido, familiar, inocente en apariencia. Y con varias mujeres cuya única función era sonreír y estar guapas mientras los concursantes jugaban.
Nadie lo cuestionó durante décadas. Era el paisaje. Era lo normal. Hoy cualquier cadena que intentara replicar ese modelo recibiría un aluvión de quejas al Consejo Audiovisual antes de terminar la primera emisión. Las cosas han cambiado, al menos en la forma.
El programa de Jesús Gil: el alcalde corrupto con su propio show
Año 1991, Telecinco. Jesús Gil, presidente del Atlético de Madrid, alcalde de Marbella y uno de los políticos más corruptos de la historia reciente de España, tenía su propio programa de televisión. Un espacio donde él hablaba de lo que quería, rodeado de chicas que sonreían. Gil era carismático, brutalmente directo y completamente desinhibido.
Lo que no se contaba tanto en antena es que Gil tenía sobre la mesa decenas de causas judiciales cuando presentaba ese programa. Había sido condenado por el hundimiento del Hotel Corona de Aragón y terminaría siendo uno de los grandes símbolos del pelotazo inmobiliario español. Hoy un personaje así no llegaría al plató de televisión; llegaría directamente a los titulares de investigación periodística.

Gran Hermano: el experimento social que cambió la tele para siempre
Gran Hermano 1 llegó en el año 2000 y cambió la televisión española para siempre. La final tuvo un 70,8% de share, un número que hoy es ciencia ficción. Pero el formato no murió de éxito, sino de escándalo: en la edición de 2017 se produjo dentro de la casa una presunta agresión sexual. El experimento social más visto de la historia de España terminó entre acusaciones gravísimas y un silencio institucional que decía mucho de cómo funcionaban las cosas.
¿Hemos cambiado realmente en la TV de España?
La televisión de los años 90 no era mejor ni peor. Era, simplemente, el espejo de una sociedad que toleraba cosas que hoy no toleramos. O eso queremos creer. Porque si miras lo que triunfa ahora en plataformas de streaming y redes sociales, a veces da la sensación de que no hemos cambiado tanto. Solo hemos aprendido a disimularlo mejor. La cámara sigue apuntando a los mismos lugares. Solo hemos cambiado el encuadre.